Pasión por Viajar

 

 

Cuando tenía 8 años, recuerdo que permanecía despierta toda la noche, muy emocionada, imaginando la vacación de la familia.  Ibamos a salir de Maryland y conducir a través de los Estados Unidos hasta California ida y vuelta durante 5 semanas.  Mis más grandes ilusiones de aventura me quitaron al sueño esa noche.

 

Durante los primeros años de la secundaria, mi padre, un ministro Presbyteriano soñaba intercambiar con otras iglesias en otros países, y llevar a nuestra familia a lugares lejanos.  Una vez era Escocia, otra era Khartoum, y la tercera Turquía.  Cada vez corría a su lado, llena de curiosidad acerca de los detalles de los lugares exóticos que muy pronto podían volverse nuestra casa.Pero nosotros nunca fuimos.

 

Mas tarde en la secundaria, rogaba a mis padres que me dejaran participar de un programa de intercambio, para viajar y vivir en otro país.Recién habíamos dicho adiós a una extraordinaria muchacha de Australia quien había sido una estudiante de intercambio en nuestra casa por un año.  Apenas ví un poco de Australia a través de las historias que me contaba, y envidiaba su aventura.Mis padres me explicaron porque no era bueno ser parte de un programa de intercambio, sugiriendo que esperara hasta que sea mayor y más madura.

 

Cuando estaba en el tercer año de la universidad, mi aventura finalmente empezó.Debido que aprendí español en el colegio, mis elecciones para los programas de estudio en el extranjero fueron Madrid, España y Bogotá,Colombia.Era una elección fácil.Madrid era civilizada, cosmopolita y con mucha cultura.Bogotá era un país del tercer mundo, salvaje y desconocido.

 

Treinta años más tarde aún creo que las meses que viví en Bogotá fueron las más lindas de mi vida.Empezando con la tarde soleada cuando por la primera vez yo tocaba su esencia extraña, estaba envuelta por una pasión por el nuevo mundo que me rodeaba, absorbida por el sonido fuerte y vivo del español, inhalando el olor de las calles, probando nuevos sabores, tratando de entender los pensamientos y hábitos de una nueva familia y amigos de otra cultura.Mi mundo se expandió tres veces de tamaño ese año, y sabía que nunca más yo sería la misma.  Nueve meses más tarde, cuando abordé el avión de regreso a casa, mis lágrimas no eran de felicidad, pero si de desesperación e impotencia por no saber cuando regresaría de nuevo a Colombia.

 

De ahí en adelante, estaba atrapada.(Tal vez, lo estuve toda mi vida, pero fue entonces que lo supe con seguridad.)

 

Mi esposo y yo antes de casarnos hicimos un pacto el cual era que después de que él terminara sus estudios en ingeniería, trabajaría en los Estados Unidos por tres años. Los siguientes años él ya como ingeniero encontraría un puesto en una compañía que le asignaría una serie de trabajos en el exterior.Queríamos vivir 2 o 3 años en cada país – tiempo suficiente para aprender bien el idioma y la cultura, luego hacerse asignar un nuevo trabajo e ir al próximo país.Por razones tristes pero privadas, eso no ocurrió.

 

Sin embargo, he tenido una vida maravillosa desde que salí de Bogotá – una buena educación, un feliz matrimonio, dos maravillosas hijas, y muchos amigos fieles y cariñosos, y varias carreras exigentes pero bien recompensadas, con algunos viajes al exterior en el entremedio.

 

Pero no sabía que mi fascinación por viajar nunca se iría.La euforia de llegar a un nuevo lugar es tan fuerte ahora como cuando tenía 19 años, empezando por mi primera experiencia en Colombia.El mejor día de todos es cuando llegas, lleno de deseos de aventura que esperan por ti.El peor de todos es el último día, cuando dejas atrás los momentos mágicos que podrían haber ocurrido.Ningún viaje ha sido lo suficientemente largo.No sabía que el deseo de viajar sería tan importante, aún en los momentos de felicidad, este anhelo de viajar me encontraría y me pediría que me vaya, lo que desbarataría mis planes que fueron cuidadosamente hechos, y me haría abandonarlos; como una hermosa melodía que te persigue donde quiera que vayas, que te lleva a un lugar lejano.No sabía que no importaría cuanto calor de hogar había construido, esto todavía no llenaba mi corazón.

 

Mi vida está llena de decisiones responsables que tomé.Fueron buenas decisiones.Me han dado mucho placer, y me han llevado a tener aventuras de otro tipo.Dicho y hecho esto, es tiempo para empezar de nuevo.Esta vez tomaré decisiones con el corazón, el cual me llevará a Escocia, Khartoum, Turquía, Australia y los países vecinos y otros.Esta vez, no retornaré hasta que la aventura se acabe.Y si la aventura no acaba, habrá una sonrisa tranquila de satisfacción, y la absoluta seguridad de que finalmente, estoy donde pertenezco.

 

Martie

septiembre 1999